Toda institución tiene una historia antes de su nombre definitivo. En el caso de Arts Connection Foundation, esa historia comienza en Caracas, en 1996, con una idea tan simple como radical: que los artistas no deberían enfrentar solos el acto de crear.
30 AÑOS DE LA FAE
Ese año, Andreína Fuentes Angarita — artista, museóloga y gestora cultural venezolana — fundó la Fundación de Artistas Emergentes (FAE), una organización sin fines de lucro concebida como respuesta directa a la falta de infraestructura y apoyo para los creadores jóvenes en Venezuela. La FAE no ofrecía becas ni premios tradicionales: ofrecía acompañamiento. Ayudaba a los artistas a producir sus exposiciones, a encontrar espacios, a hacer posible lo que de otra forma hubiera quedado sin realizarse. A cambio, muchos de ellos donaban obras o servicios a la fundación — un modelo de intercambio solidario que, sin proponérselo del todo, fue construyendo las primeras capas de lo que hoy es la Colección Fuentes Angarita.
Pero la FAE era mucho más que una plataforma de producción. Nació en un momento de profunda convulsión política y económica en Venezuela, y su programación lo reflejó desde el principio. La fundación apoyó propuestas artísticas críticas sobre migración, censura, identidad de género y el colapso de utopías políticas. Abrió espacio, con especial énfasis, a comunidades históricamente marginadas — incluyendo la comunidad LGBTQ+ — en un entorno cultural que frecuentemente les daba la espalda. El arte, para Andreína, nunca fue un asunto puramente estético: fue siempre una forma de ejercer derechos, de generar conciencia, de resistir.
Con el agravamiento de la crisis venezolana a partir de 1999 y el endurecimiento del clima cultural bajo presiones políticas crecientes, sostener ese trabajo se volvió cada vez más difícil. En 2006, Andreína tomó la decisión de emigrar con su familia a Estados Unidos. La FAE cerró sus puertas en Caracas — pero no su espíritu.
A 20 AÑOS DE ARTS CONNECTION
Ese mismo año, desde Miami, fundó la Arts Connection Foundation (ACF): la continuación de la FAE en un nuevo territorio, desde la condición de diáspora y con una mirada ahora internacional. ACF heredó los valores fundacionales — solidaridad entre artistas, arte con compromiso social, inclusión de voces marginadas — y los proyectó en un ecosistema más amplio, incorporando artistas de toda América Latina y otras regiones, lanzando programas educativos y comunitarios, y formalizando la colección de obras que la FAE había comenzado a reunir casi una década antes.
Al celebrar 20 años de Arts Connection Foundation, es imposible entender lo que la institución es sin reconocer de dónde viene. La FAE no fue un antecedente menor: fue el laboratorio donde se forjó una filosofía entera sobre el papel del arte en la sociedad, sobre la responsabilidad del gestor cultural hacia su comunidad, sobre la posibilidad de construir instituciones desde la escasez y la urgencia. Esa filosofía sigue siendo el núcleo de todo lo que ACF hace hoy — desde sus programas de mediación cultural hasta sus alianzas internacionales, desde la preservación del Archivo Trans Queer hasta su presencia en instituciones de España y Francia.
Veinte años después de la travesía de Caracas a Miami, la semilla plantada en 1996 ha crecido en algo que Andreína tal vez no imaginó en toda su dimensión: una red viva de más de 150 artistas, más de 1.500 obras preservadas, y una fundación que sigue creyendo — con la misma convicción de entonces — que el arte no es un lujo. Es una herramienta. Y a veces, también una forma de existir.


